La “niña de Rajoy” y la violencia de género

La “Niña de Rajoy” parece tan feliz, tan envuelta en algodones, tan almibarada y frágil, que casi ni me atrevo a decirle que, desde que nació, han muerto cuatro mujeres más a manos de sus “compañeros sentimentales”. Ya van 17 en lo que llevamos de año. No es precisamente la imagen de fragilidad de esta “niña”, lo que me viene a la cabeza cuando pienso en estas cuatro mujeres muertas. Veo una vida triste, llena de soledad y miedo. Veo mujeres de la vida real, con vidas mal vividas y una muerte inútil, injústamente inútil. Cada vez que repiten la descripción de esa “niña” como ejemplo de futuro, de un futuro en femenino, me da rabia.

Ese tratamiento paternal hacia la imagen de la mujer, como está la cosa, me suena ridícula, poco seria y no es precisamente lo que necesita la mujer en estos momentos. Hay muchas mujeres, de todas las capas sociales, que aquí no se libra nadie, cuya vida es un infierno; mujeres que viven vigiladas o escoltadas; mujeres que tienen que dejarlo todo, tirar de sus hijos y huir con lo puesto, porque les va en ello la vida. Y, estas mujeres tienen niñas y niños, que aprenden demasiado pronto el lado más oscuro de la vida. Esos ejemplos de Un Mundo Feliz me parecen una falta de respeto porque, al fin y al cabo, la Sociedad la forman hombres y mujeres, y dá la impresión que poniendo el ejemplo en femenino, vamos a estar más protegidas y felices y tenderemos a acercarnos más a una tendencia política que a otra. No somos tontas, eh!!!. Que aquí ya vamos estando un poco de vuelta de los tópicos-típicos, y no es tan fácil dárnosla con queso.

Los hombres y las mujeres de este país nacen y crecen en familia, estudian, trabajan y viven, no tod@s con la misma suerte y, eso es lo que debe importar a los que nos gobiernan, el hacer que ese tránsito diario por la Sociedad, nos sea lo más justo, igualitario, pleno en derechos y al amparo de las leyes, posible. Los paternalismos de cuentos de hadas, dejémoslos para hacer más felices los sueños de nuestr@s hijos e hijas, que ya tendrán tiempo de conocer, de golpe, la triste realidad.

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